1/21/2012

El tema apócrifo de los toros

Muchos no creen que soy taurino. Me dicen: "¿Quién podría creer que tras esas gafitas y esa cara de seminarista haya un hombre cruel y despiadado que pueda amar tal cosa tan horrible como la fiesta brava?" Pues creánlo: Me gustan los toros y soy taurino. Eso no me hace ni mejor ni peor persona.

Y cuando hablo del tema, llego a sentirme como los primeros cristianos, condenados a la profundidad de un calabozo, listo para ser devorado por los leones en el circo romano. Me siento perseguido e increpado. Me hacen mala cara y me ignoran. No hablo de toros con frecuencia y con quien lo hago siento que debo hacerlo a voz baja, para no incomodar a quienes aborrecen este arte.

El tema parece apócrifo, mal visto y detestable. Pero tengo sangre y tradición taurina, es algo que hace parte de mi y no lo puedo negar. Pero no soy terco. Sé, a mi pesar, que pronto acabarán las corridas de toros. Estamos viendo el fin del fin de los toros. El primer campanazo fuerte para la fiesta lo pegaron en Barcelona, y quienes gobiernan Bogotá también lo quieren pegar, en medio de la mezquindad política del nuevo Alcalde Mayor.

Pero no importa. Escribí este post para declarar mi amor a un arte incomprendido, pero que debe ser respetado como todas las manifestaciones humanas. Con tristeza veo que quienes rechazan la fiesta, actúan con violencia. No hay coherencia en sus actos. Si tanto les molesta, la democracia tiene mecanismos para darle la estocada final a nuestra amada fiesta de los toros.

Este domingo sentado en los tendidos de nuestra bella plaza de toros bogotana, la histórica Santamaría, expresaré a viva voz, con un sonoro "olé", mi amor por el arte de cúchares, bien sea para las cabriolas de Pablo Hermoso de Mendoza, las verónicas de Luis Bolívar o los naturales de David Mora.

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