4/20/2017

Carta con amor para Venezuela

Hermano venezolano:
Y sí, te digo hermano, porque nuestros destinos jamás estarán separados. Las veces que he estado en tu tierra me he sentido en casa y a tí cuando te he recibido aquí, también sienten el mismo calor de hogar. Claro, ya sé que me dirás que tienes las playas más lindas del mundo, o que no hay nada mejor que ver el Ávila al amanecer, o que el Salto del Ángel es el mismo cielo en la tierra. Todo muy cierto, pero toda esa belleza se ha manchado de sangre y dolor.

No importa si eres rojo, azul o amarillo. Te hablo a ti, hermano venezolano, quien sea a quien llegue esta carta. Porque en este momento todos, sin importar colores o clases sociales, buscan como pueden lo que necesitan para vivir, para comer o para curarse la más simple enfermedad. Todos han sufrido el momento actual. Tanto los que están dentro del país como los que decidieron irse de Venezuela a buscarse una mejor vida. Los que han sufrido ese exilio forzoso también lo recienten a la distancia. Los he visto y también los he consolado.

Por eso entiendo tu dolor y mi corazón hoy es vinotinto, como los colores de tus equipos deportivos. Si has venido a Colombia y te has sentido rechazado por mi o por mis compatriotas, te pido perdón por mí y por todos ellos. Quizás no estábamos listos para tu repentina llegada y también tenemos nuestros problemas, aún sin resolver. Pero tú hermano y los tuyos vinieron a sumar, a crear, a ser talento, a dar empleo, a trabajar y han llegado a amar este país como si fuera suyo.

10/02/2016

Matías, te regalo un país en paz

2 de octubre de 2016. Faltan 19 días para que cumplas tu primer año de existencia. Hoy querido hijo, como regalo de cumpleaños anticipado, te ofrezco vivir en un país en paz. Naciste en Colombia como yo, una tierra linda que te enseñaré a amar. Desde el frío de nuestra Bogotá, hasta el intenso calor del valle del Magdalena. Querrás tanto el eje cafetero, donde hay algunas de tus raíces, hasta nuestro Caribe, nuestro pacífico y nuestros llanos. Quiero que te emociones con cada alegría que logre nuestro país, tanto como yo lo hago.

Pero también, Matías, naciste en un país violento y enfrascado en una guerra absurda. Bebés como tu nacieron en medio de explosiones y ataques armados en lugares muy lejanos de casa. Otros fueron paridos en el fondo de la selva, como el pequeño Emmanuel, hijo de Clara Rojas, quien vino a este mundo mientras su madre estaba privada de la libertad. Él, que debía nacer libre, lo hizo en un cautiverio estéril y tormentoso, que incluso dejó imborrables secuelas en su frágil cuerpo de neonato. Otros niños, como tú, hijos de guerrilleras y campesinas, fueron resultado de los peores vejámenes que puedas imaginar. Otros niños no jugaron como tú con tu ruidoso carro rojo, sino que tuvieron el trueno del fusil en sus manos desde que tuvieron razón, reclutados a la fuerza por viejos idiotas que lanzaron a la guerra a varias generaciones de inocentes colombianos. 

Mucha sangre, mucho dolor, mucho odio y mucho miedo. Y no te imaginas cuánto, mi Maty. Pero ya me conoces y sabes que me gusta hablar con refranes: "No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista". Mientras tu nacías y crecías durante tus primeros 12 meses, también dentro de nuestro país crecía una pequeña luz de esperanza. No es perfecta, incluso parecía inalcanzable. Fue una oportunidad para terminar con parte de esa guerra que ha soportado nuestro pueblo durante más de 50 años.

9/12/2016

Plebiscito: antes del Sí o el No, piense en los soldados de Colombia

Quizás uno de los episodios más bellos de la obra de Gabriel García Márquez es aquel en el que Macondo sufre una epidemia de insomnio, cuyo síntoma determinante era un olvido poderoso. Una pérdida de la memoria que llevó a los macondianos a marcar cada cosa del mundo con su nombre y su uso para que la gente supiera qué hacer con ella. Ahora pienso que, con esa ficción de maravilla, Gabo nos quería señalar dos asuntos cruciales de nuestra existencia: la importancia de la palabra escrita como base de la civilización y la necesidad de la memoria como pilar del futuro.

Luego, dice la novela, llegó Melquiades y con su magia puso las cosas en orden. Les devolvió la memoria y con ella, la realidad. Recordé este fragmento ante la andanada de argumentos que, con razón y a veces no tanta, aparecen para votar en contra de los acuerdos negociados entre el Gobierno y las Farc. Una de esas razones tiene que ver con las fuerzas militares.

8/04/2016

Plebiscito: antes del Sí o del No, hable con una víctima del conflicto

Quise en una reunión familiar lanzar la manzana de la discordia, a la mitad del salón, para medirle el pulso al tema que nos convocará en los próximos meses: el llamado plebiscito por la paz. Les pregunté a tíos y primos: y ustedes ¿van a votar por el Sí o por el No?

Mi padrino, un habitual votante del partido Conservador y quien en entre su oscuro record cuenta con un voto suyo por Andrés Pastrana, airado dijo que votaría por el No. Argumentó que las Farc por sus crímenes no merecían ocupar cargos públicos y, por el contrario, sus cabecillas deberían ser encarcelados para que "le respondieran a la sociedad". Su argumento es el de miles de colombianos, indignados por las dádivas que el gobierno de Juan Manuel Santos le ha entregado al grupo criminal durante las negociaciones en La Habana.

Entonces, tomó la palabra un tío mío, quien fue conductor de un bus intermunicipal que hacía la ruta entre Bogotá y los lugares más recónditos de los Llanos orientales. Dijo que votará por el Sí, para que de inmediato acabe la guerra. Acto seguido e invadido de un sentimiento de dolor, recordó que en uno de aquellos viajes kilómetricos tuvo que ser testigo de un atroz asesinato por gente que parecía de las Farc. Contó que los guerrilleros, con lista en mano, abordaron el vehículo y bajaron a dos personas a la fuerza. "Uno de ellos se aferró a la baranda del carro y hermano, le dieron un culatazo de fusil y luego le dispararon", dijo mi tío, ya con los ojos encharcados.

Entonces, recordé las múltiples veces que en mi labor periodística recogí esos relatos de dolor y muerte, y cómo las víctimas ante mi micrófono hablaban de cómo habían logrado superar ese duro trance. Y desde esas voces pude entender que si este país quiere la paz, requiere seguir la luz de las víctimas. Sólo ellos pueden decirnos si debemos perdonar a las Farc y ser generosos con esos otros colombianos que tomaron el camino de las armas para buscar los cambios que necesita la nación.

12/31/2015

¡Chao Petro!

Esta es mi carta de despedida para el alcalde Gustavo Petro:

Gustavo, antes que todo, feliz año.
Igual somos colombianos, quienes a pesar de las diferencias, no se deben negar un saludo. Así sea una despedida. Para que jamás regreses.

Hace cuatro años guardaba una expectativa: que fueras tú, Gustavo, la demostración de que los opositores, cuando llegan al gobierno pueden superar lo que tanto critican. Pero no superaste mis expectativas. Te convertiste en lo mismo que tanto criticaste: un líder polarizador, que desconoció al otro, que desintegró aún más la ya segregada Bogotá, todo con el poder de tu soberbia. Al punto Gustavo, que ya no diferenció entre petrismo y uribismo. Al final, los extremos se unen.